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domingo, 6 de marzo de 2011

CAPITULO 35

Cuando Robin sale del camarote, Sanji cierra la puerta. Se queda inmóvil, de pie. Nami le da la espalda en la silla, cabizbaja. Las lágrimas siguen queriendo salir de ella, pero un escudo de rabia trata de impedirlo. Sí, Nami estaba rabiosa, rabiosa por Sanji, por su secreto, por su indecisión, por todo.

- Nami...

Aquella voz, antes dulce como la miel, ahora le enfadaba y le hacía daño. Antes, su nombre le producía una sensación de bienestar místico, pero ahora la hacía sentirse sucia.

- Nami, lo siento, de verdad,- Sanji se adelantaba poco a poco hacia la pelirroja.

- No, Sanji,- responde secamente ella, sin volverse. Sanji se para -. No me hables. Me has hecho mucho daño.

- Nami, compréndelo. Surgió así, sin más... Yo...

- Calla, por favor,- le interrumpe -. ¿No te das cuenta que por cada palabra que me digas más honda haces mi herida? ¿No ves que cada vez que hables me rompes el corazón en pedacitos cada vez más pequeños?

- Pero tengo que explicarme... O si no, siempre estaremos así. Y no quiero perderte...,- un halo de luz atravesó el alma de Nami... por un segundo -... como amiga,- Sanji logra acercarse hasta Nami. Está tras ella. Quiere tocarla, abrazarla, pensando que con eso la curaría para siempre, pero no se atreve -. Nami. Acabo de hablar con Zoro,- aquella frase la hizo otra herida en el corazón -. Ya estoy en paz con él. Ahora necesito estarlo contigo. Escúchame, aunque te duela, porque si no te lo digo, nunca podré mirarte a los ojos.

Durante los segundos que duró el silencio siguiente, Nami no pensaba más que en que Sanji se fuera y la dejara en paz. De repente, su mente se inundó de pensamientos sangrientos, pensamientos malvados. Quería matar a Zoro, quería matar a Sanji... se quería matar a sí misma. No era capaz de asimilar lo que creía que Sanji le iba a contar.

- He hablado con Zoro y... bueno... ya no hay ninguna duda dentro de mí... Lo siento Nami...,- Nami trataba de ser fuerte, pero la tristeza y la rabia juntas lo eran más -. Te he amado con locura desde el primer día que te vi, y cuando por fin caíste a mis pies, me hiciste el hombre más feliz del mundo. Porque te he amado siempre, te he tratado como una reina, me he desvivido por ti cada día, y no quiero que aquello se olvide. Por eso quiero que no pienses que fue todo una mentira, porque no lo fue. Te he tenido tan dentro de mí que ya formabas parte de mi. Y quiero que lo sepas. No quiero que te sientas mal ni que te duela, tan sólo quiero que lo guardes en tu mente como algo digno del recuerdo, porque sé que nadie te tratará ni te amará tanto o más como yo lo hice. Ni siquiera Luffy.

Al oir la última frase, Nami se queda como petrificada. ¿Eso significaba que Sanji veía con buenos ojos su relación con el capitán? Nami se vuelve hacia Sanji, mirándole a los ojos, como buscando la respuesta. El ojo visible del cocinero, entre triste y tierno, bendecía esa relación, pero Namo necesitaba oírlo.

- ¿Eso quiere decir... quiere decir que Luffy y yo...?

- ¿Quién mejor que él, un amigo de toda la vida en quien se puede confiar, para que cuide de ti?

Y en un impulso involuntario, Nami se levanta de la silla y abraza fuertemente al cocinero, el cuál le responde con un abrazo más tierno y suave.

- Tan sólo hazme un favor,- reponde Sanji -. Júrame que serás feliz junto a Luffy.

- Sólo si tú y Zoro también lo vais a ser.

F I N

sábado, 26 de febrero de 2011

CAPITULO 34

- Cuéntame.

Robin se había llevado a Nami a su camarote. El ambiente íntimo de éste era el propicio para que salieran a la luz los más profundos secretos. La suave luz que se asomaba por la pequeña ventana del camarote, camuflada por una leve tela a modo de cortinilla, Robin y Nami sentadas en dos sillas, una frente a la otra, separadas únicamente por una mesa. Robin la tomaba de la mano maternalmente, inclinándose hacia la pelirroja. Ésta permanecía con la cabeza gacha, luchando por no llorar.

- Cuéntame.

- Robin... Yo...,- la voz apenas le salía.

- Navegante. Siempre hemos sido amigas, ¿no? Si tienes algún problema, algo que te ronde la cabeza, siempre estaré aquí para que te desahogues,- le responde mientras le aprieta la mano. Nami levanta el rostro y la mira fijamente a los ojos. Están a punto de humedecerse.

- Robin. Tengo el corazón roto en mil pedazos...,- responde Nami con una firmeza y rotundidad increíbles. Luchaba para no llorar.

- Cuéntame,- le dice la arqueóloga otra vez.

- Sanji es un hombre gentil, atento. Eso fue lo que hizo doblegarme a su amor. Desde entonces he sido feliz, muy feliz. Pero hace un rato... En el camarote de Zoro...,- vuelve a ocultar su rostro -. Ahí comprendí. Sanji llevaba unos días muy raro. No era él mismo, y mi cabeza en ese momento comenzó a formar una idea que...,- las lágrimas que comenzaban a aflorar la impedían continuar, pero se arma de valor y prosigue -. Antes lo pude hablar con Luffy, y, no sé cómo, algo empezó a formarse entre nosotros. Sigo enamorada de Sanji, pero ahora... ¡Oh, Robin! ¡Estoy confusa! ¿Qué hago? ¿Es verdad lo que pienso sobre Sanji y Zoro? ¿En verdad me estoy enamorando de Luffy? ¡No sé qué hacer!

Nami no puede más y se derrumba. Oculta su rostro entre sus brazos sobre la mesa y se deja llevar por la tristeza y el estrés que esas preguntas que se acababa de hacer suponen. Robin la acaricia suavemente el cabello.

- Mi única solución es que lo hables con el cocinero. Él también está confundido, pero cuando se centre, hablará contigo para, entre todos, encontrar la solución a todo esto.

- Pues esa solución ha llegado.

Robin y Nami se vuelven asustadas. En el umbral de la puerta del camarote estaba Sanji, quieto. Se le notaba calmado, aunque dentro le azuzaba una desazón enorme.

- Robin, ¿nos puedes dejar solos?

Robin se levanta de la silla, no sin mirar antes a Nami. Al pasar al lado del rubio cocinero, le susurra: - Espero que hayas tomado la decisión correcta.

sábado, 19 de febrero de 2011

CAPITULO 33

Zoro y Sanji se quedan mirándose el uno al otro. No hablan. No se mueven. Sólo la brisa marina hace su aparición tratando de apaciguar los ánimos. Sólo el quejido de las maderas del barco zozobrando invade el silencio del momento.

- Sanji...,- a Zoro apenas le salía la voz.

Sanji cierra los ojos mientras levanta la mano, en señal de silencio.

- Pero Sanji...

- Ni una palabra, Zoro.

Zoro se adelanta un paso.

- Pero Sanji. Tienes que dejar de dudar. Sé que amas a Nami más que a nada en el mundo. Pero...,- de nuevo, el cocinero le manda callar.

- Zoro,- responde tras un instante en silencio -. Es algo muy difícil para mí. Desde que nos pasó aquello en la roca estoy confundido, pero siempre le he dado ventaja a mis sentimiento hacia Nami. La amo con locura. Y a ti también te quiero, pero como amigo. Nunca antes en mi vida había sentido tanta empatía por alguien hasta que te conocí.

- Yo también siento lo mismo por ti, Sanji. En mi anterior vida, la de caza-recompensas, era un solitario, un ermitaño. Trabajaba solo, y huía del contacto humano, de ahí mi carácter tan apático. Pero tras conocer a Luffy, me di cuenta de que el ser humano no puede estar solo. Nunca. Y a partir de ahí, me hice gran amigo de nuestro loco capitán. Después fuisteis apareciendo vosotros, y ahora mismo, si me preguntaran "¿qué haría si me faltárais?", mi respuesta sería: "Morirme", porque lo sois todo para mi. Sois mi familia, aquella que apenas conocí. Quizás Kuina os puso en mi camino.

- Pero, ¿tú ya no dudas?

- ¿Y tú?

Silencio. Sanji le da la espalda, cabizbajo. Zoro se adelanta otro par de pasos, y sube el brazo en amago de tocarle.

- No sé, Zoro. He de confesar que amo a Nami más que a nada en el mundo. Y tú lo sabes. Pero aquella noche, sobre la roca de la playa... Aquella noche sentí cosas que jamás había sentido antes. Y por eso dudo,- y una lágrima se deja caer por su mejilla.

- Pues yo ya no tengo dudas,- responde firme Zoro mientras avanza hasta su amigo, le voltea y le besa apasionadamente en los labios.

sábado, 12 de febrero de 2011

CAPITULO 32

Todos miram atónitos hacia la puerta del camarote de Chopper. Tras ella aparece, tambaleante, Nico Robin.

- No deberías moverte, Robin,- le dice Chopper, a sus pies, tratando, en vano, de hacerla volver al camarote.

- Navegante,- continúa Robin, haciendo caso omiso del reno -. Deja que el espadachín se explique.

- Pero Robin...,- Zoro es interrumpido por la arqueóloga con un gesto de la mano.

- El espadachín y yo somos los únicos que conocen el por qué el cocinero actúa así. Y es que simplemente está confundido. Al igual que tú, ¿no?,- le pregunta a Zoro. Éste la mira soprendido, como cuando alguien es sorprendido haciendo algo a escondidas. Al momento se relaja y baja el rostro, afirmando vergonzoso -. Navegante, dales un tiempo para que lo hablen. Porque lo tienen que hablar. Si tú no estás ya cómoda con el cocinero, díselo, pero de buenas maneras.

De repente se hace un incómodo silencio entre todos. Zoro sigue con la mirada gacha. No quiere mirar a nadie. Y menos toparse con la rabia de Nami. No se merece que él la mire a los ojos. Nami mira, con los ojos brillantes, a Luffy. Éste la sonríe tiernamente. Chopper, rompiendo ese silencio, toma a Luffy de la mano y lo mete en su camarote.

- Vamos, Luffy. Déjame ver ese labio...

Robin posa su mano en el hombro de Zoro, quien se vuelve hacia ella. Robin le sonríe al tiempo que le señala la salida. Zoro camina cabizbajo hasta salir al exterior, evitando mirar a Nami a la cara. Ésta, cuando ve a Zoro pasar a su lado, cierra fuertemente su puño, dispuesta a pegarle, pero se detiene. Robin acude a su lado.
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- ¡No te entiendo, Sanji!,- exclama, desesperado, Ussop.

- Yo tampoco me entiendo,- murmura el cocinero hacia sus adentros, reteniendo sus lágrimas.

- Me dices que estabas detrás de Nami desde el principio, y ahora que, tras años de ardua batalla, y ya que por fin es tuya, ¿la desprecias? Y como ella ve que no le haces caso y encuentra el amor en brazos de otro, ¿ahora sí que la prestas atención?

- Es algo que no puedo explicar, Ussop,- responde Sanji, mirando a su amigo a la cara, a punto de estallar en un llanto.

- ¡No te reconozco, Sanji! ¿Se puede saber qué es lo que te pasa?

- Eso es algo que sólo lo sabemos los dos,- responde Zoro, en el umbral de la puerta. Sanji y Ussop le miran. Zoro, con el semblante serio, le indica a Ussop que les deje solos. Éste obedece al momento y se mete en los camarotes deprisa.

sábado, 5 de febrero de 2011

CAPITULO 31

Ussop sale a cubierta. Ahí Sanji logra zafarse de él y se aleja varios pasos.

- ¡Sanji!,- el cocinero no le responde -. ¡Sanji!,- grita con más fuerza. Sanji se detiene, dándole la espalda. Ussop sigue parado en el umbral de la puerta.

- Ussop...,- responde con cierta calma Sanji, pero con la mandíbula apretada -. Déjame...

- Sanji, pero...,- se adelanta un par de pasos, pero Sanji, crispando sus puños, le responde.

- He dicho que te vayas.

Ussop se detiene, mirando con miedo a Sanji. La razón por la que Sanji dio aquel puñetazo a Luffy sólo lo sabe él, pero le da miedo acabar como su capitán.

- Sanji... Soy yo. Ussop, el miedoso,- no hacía falta el mote, ya que se notaba en su temblorosa voz -. Quiero que lo recuerdes para que no me pegues a mi también. Pero sólo quiero saber qué ha pasado ahí dentro. ¿Por que le has pegado a Luffy?
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- ¿Por qué? ¡Ya te lo he dicho! Porque le he dicho que es un maldito egoísta,- responde Luffy a Zoro, calmadamente, mientras sigue abrazando a Nami, tratando de calmar su llanto.

- Pero, ¿por qué dices eso? ¿Por qué es un egoista?

- Porque durante todo este tiempo ha estado con Nami, pero desde un tiempo ya apenas la hacía caso, y ahora que la tiene otro, no la deja ir.

- ¿Cómo? No... No os entiendo... ¿Cómo que Nami es de otro? ¿Quién?
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- Luffy,- responde secamente el cocinero. Ussop no sale de su asombro.

- ¿Cómo que se estaba besando con Luffy? Pero... ¿no estaba contigo?

- Así es, Ussop. Estaba.

- Así que... pegaste a Luffy porque... se estaba besando con Nami.
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- Pero...,- Zoro no conseguía comprender -. ¿Cómo es que ahora estás con Luffy? ¿Por qué dices que Sanji ya no te hace caso?

- No te hagas el tonto ahora,- responde Nami, con tono sarcástico. Zoro no comprende -. ¡No me mires así, Zoro!,- Nami se separa de Luffy y avanza hacia el espadachín con el enfado en su mirada -. Os he visto a los dos hace un momento en tu camarote. Y también os he oído. Sí, Zoro. Ya lo sé todo. Y ahora todas las piezas encajan: por qué ya apenas me toca, por qué ya no se deshace en regalos y halagos hacia mí, por qué corrió tras ti al momento de irte tras el ataque.

Zoro sentía cómo le fallaban las piernas, cómo se le secaba la garganta, cómo se le bajaba la sangre a los pies. Durante años y años peleando contra piratas de todos los rincones del mundo, a cada cuál más virtuoso con la espada que el anterior, jamás sintió miedo. Pero viendo a Nami con esos ojos inyectados en sangre, esa mirada encendida, ese rostro endurecido, ya sentía por primera vez en su vida el terror. E, igualmente, empezó a sentirse como Ussop: quería huir para conservar la vida.
- Nami...,- Zoro se aleja poco a poco, tartamudeando -. No es lo que parece...

- Navegante. Déjale explicarse.

sábado, 29 de enero de 2011

CAPITULO 30

- ¿Se puede saber qué pasa aquí?,- exclama Zoro, saliendo de su camarote. Tiene a Luffy en el suelo delante suyo. Nami pegada a la pared, enfadada, increpando a Sanji, quien, a su vez, se le ve agitado, con los puños crispando, mientras Ussop le retiene sujeto por debajo de los hombros.

- ¿Estás loco, Sanji?,- le grita Nami al cocinero -. ¿Por qué has hecho eso?

Sanji no contesta. Tan sólo mira con rabia y odio a Luffy, quien, aún en el suelo, se pasa la mano, limpiándose la sangre que sale de su labio partido.

- ¿Queréis hacer el favor de no armar tanto jaleo....,- Chopper, en su forma primigenia, sale de su cuarto. Al ver a Sanji enfadado, Nami gritándole, y Luffy en el suelo, también con el rostro endurecido, da un paso hacia atrás, escondiéndose tras la puerta -.... por favor?

- ¿Se puede saber qué pasa aquí?,- repite el espadachín. Chooper se asusta del tono agresivo de su compañero y cierra la puerta, dejándola levemente entornada para poder ver a través de la apertura.

- ¿Quieres saber lo que pasa?,- responde Sanji, amenazante -. ¡Pregúntaselo a tu capitán!

Zoro se vuelve hacia Luffy, a quien tiende la mano para ayudarle a levantarse. Luffy le rechaza de mala manera, aupándose sin ayuda y sin dejar de mirar amenazante a Sanji.

- Luffy, ¿qué ha pasado entre vosotros dos? ¿Y por qué Sanji se ha referido a ti con ese retintín?

- Lo que pasa es que Sanji es un egoista.

Zoro se sorprende de su respuesta.

- ¿Un egoista?

- Sí. Lo quiere todo para él... incluso cuando ya no le hace falta.

Sanji, tras esas palabras, intenta desesperadamente deshacerse de Ussop, que aún le tenía sujeto por los hombros. Estaba totalmente ido.

- ¡Suéltame Ussop! ¡Suéltame te digo!

- ¡Sanji, tranquilízate, por Alá!

- ¡Ussop! ¡Llévatelo de aquí! ¡Ya!,- Ussop obedece a Zoro y se lleva como puede a Sanji a cubierta, entre los pataleos del cocinero. Zoro se vuelve a Luffy, quien abraza muy protector a una desconsolada Nami -. Y ahora decidme, ¿qué ha pasado?

sábado, 22 de enero de 2011

CAPITULO 29

- ¡Idiota!,- se repite a sí mismo una y otra vez Zoro -. ¡Eres un idiota! ¡Idiota, idiota, idiota!,- terminando por derrumbarse sobre su cama, dejándose llevar por las lágrimas. Empezó a recordar la conversación que tuvo antes con Robin, en la cascada. "¿Por qué?" era la frase que le martilleaba el cerebro, con la sensual voz de la arqueóloga repitiéndolo sin cesar. "¿Por qué?" ¿Por qué le daba largas a Sanji, cuándo éste quería hablar lo ocurrido en aquella roca, en aquella playa? ¿Por qué? Muy fácil... ¡Por que desde aquel momento comenzó a dudar! Dudaba de sí mismo, de su corazón. No sabía si Kuina era su verdadero amor o simplemente una amiga muy querida. Al igual que Sanji. ¿Era su gran amigo o algo más? Aquel beso... aquel maldito y endiablado beso... amargado por el sake...

Cuando se calma un poco, levanta el rostro. Mira a través de la ventana que tiene delante. Sobre el azul del cielo cree ver el rostro de su amiga.

- Lo siento...,- le responde a aquel fantasma de su mente -. Lo siento de veras. Te amo a ti, Kuina. Sólo tú fuiste mi gran amor, y no hay día ni noche que no me arrepiente de no habértelo dicho antes. Tú siempre estarás en mi corazón y te prometo por mi vida que nadie te sustituirá jamás. Pero Sanji... Aquel beso en la roca de la playa... Desde entonces tengo dudas. Es mi amigo, pero...,- vuelve a bajar el rostro, dejándose llevar de nuevo por la tristeza. Pero un gran golpe seguido por un grito desde fuera del camarote le hace volver a la realidad.

sábado, 15 de enero de 2011

CAPITULO 28

Luffy abrazaba a Nami fuerte y, a la vez, tiernamente. No sabía por qué lloraba Nami, pero Luffy se sentía en la obligación de rodearla con sus brazos, como protegiéndola. Sentía sus lágrimas empapando su roja chaqueta, pero sentía que le traspasaba el cuerpo y le calaban en lo más profundo de su corazón de goma.

- ¿Me lo vas a contar ya o tengo que esperar a cuando consigamos el tesoro de Gold Roger?,- preguntó Luffy, irónico.

Nami levanta la vista. Le ve sonreír suavemente. De repente, la joven siente cómo sus sentimiento se mitigan y desaparecen de su ser. La cálida sonrisa de su capitán y la sensación de protección de su abrazo la calmaron.

- ¿Y bien?

- Luffy... Yo...

Luffy le toma del mentón suavemente.

- Antes que tu capitán soy tu amigo. Ya sabes que me puedes contar cualquier cosa.

Durante unos instantes se hizo el silencio entre los dos. Nami no podía apartar la mirada de aquellos oscuros ojos. Se sentía bien, extrañamente muy bien.

- ¿Nami?,- la voz de Luffy la hizo volver de aquella ensoñación.

- Eh... Luffy...,- Nami se sentía algo violenta -. Verás... Acabo de ver algo que... me ha helado la sangre...,- Nami vuelve el rostro. Luffy la miraba dulcemente.

- Dímelo.

Nami se vuelve, dándole la espalda. Se abraza a sí misma, con el rostro gacho. Luffy la abraza.

- Es... es...,- Nami no se atrevía a decirle nada. Quería guardarlo para sí, pero el notar de nuevo el relajante abrazo de Luffy, se armó de valor -. ¿Recuerdas nuestra conversación, antes del ataque?,- Luffy asiente -. Después del ataque, Sanji vino hacia mí cuando aquel monstruo nos soltó y se fue. Se preocupa por mí, Luffy. Pero Zoro se metió dentro de los camarotes y Sanji le siguió,- se vuelve hacia Luffy, desesperada -. ¡Le siguió, Luffy! ¡Le siguió! ¡Y sin pensárselo!,- la voz comenzaba a entrecortarse -. Yo fui tras él... Se metió en el camarote de Zoro... Y miré...,- las lágrimas querían hacer su aparición, preludiadas por la pausa en la narración.

- A lo mejor sólo quería hablar con él...,- Nami niega con la cabeza.

- No, Luffy...,- responde con un hilo de voz -. Ahora todo encaja...,- se aferra con fuerza y rabia a la chaqueta del jóven mientras se desahoga. Luffy comprende y la abraza. Nami seguía sin poder articular palabra. El joven capitán, sabiendo que Nami no iba a hablar, aprovecha entonces para acercarse lentamente a su rostro hasta juntar sus labios y, ayudándose entonces con su lengua, le ayuda a desatascar su boca de todas esas palabras que querían salir a la vez. Los dos se dejaron llevar por aquel mágico beso, sin oír que la puerta del camarote de Zoro se abría...

sábado, 8 de enero de 2011

CAPITULO 27

Zoro baja la cabeza en jarras, negando. Avanza hasta Sanji, se arrodilla delante de él y trata de mantener la mirada en la suya.

- Sanji...,- dice, volviendo la mirada hacia los ojos del cocinero -. Aún no sé lo que me pasa. Sé que hay una batalla dentro de mí, pero siguen en tablas. Lo siento, pero ya te he dicho antes que yo.... yo no... vamos, que yo.... no soy como tú... Además,- continúa Zoro tras unos segundos en silencio -, tú estás con Nami. Es tu destino. Es vuestro destino. Lo que pasó aquella noche ya sabes que fue por culpa del sake. En verdad te quiero,- Zoro pone su mano en la nuca de su amigo -, pero como amigo. Me lo paso muy bien peleándome contigo, así consigo rebajar un poco mis nervios cuando el día está tranquilo y no hay nada qué hacer. Las horas del entrenamiento no me llenan lo suficiente, y por eso me gusta estar contigo, con todos vosotros, aunque no lo parezca.

- Zoro...,- Sanji le mira anodadado, luchando porque no le vea llorar. No tan cerca. El silencio se hace entre los dos, tan sólo roto por Zoro gesticulando en su boca un "lo siento". Zoro apoya su frente en la del espadachín, cerrando los ojos con fuerza para que las lágrimas no hicieran su aparición.

Sanji se levanta de la cama y, con paso decidido, llega hasta la puerta de la habitación. Antes de girar el pomo, se vuelve. Zoro no había cambiado su postura.

- Zoro. Te tendré siempre en mi corazón... como amigo. Te haré caso e intentaré centrarme en Nami. No he estado todo este tiempo detrás de ella como un tonto para, ahora que la tengo, despreciarla. No. Ella no se lo merece. Ni tú tampoco. Probaré durante un tiempo dedicarme por entero a Nami, como antes. Ya te comunicaré el resultado del experimento.

Sanji se da la vuelta de nuevo hacia la puerta y sale.

CAPITULO 26

- ¡Sogeking! ¡Sogeking! ¿Nos firmas un autógrafo?,- Usoop no sabía cómo librarse de Luffy y Chooper. Necesitaba salir de allí y volver a ser Usoop, el miedoso, pero sus dos amigos le acorralaban con los ojos brillantes.

- Estimados amigos,- les responde, fingiendo la voz -. Será mejor que cuiden de sus amigos, ¿no creen?,- y señala el cuerpo yacente de Robin. En el segundo en que Luffy y Chooper se vuelven, Usoop aprovecha y, de un salto, salta por la borda del barco y se esconde entre la maleza del bosque.

Chooper acude junto a Robin. La examina.

- Luffy,- le dice al capitán, mientras cambia a estado semi-humano -. Rápido. Ayúdame a llevarla a mi camarote.

Luffy y Chooper la llevan entre los dos hasta el camarote de Chooper. Cuando llegan a la puerta, Luffy se da cuenta de que Nami está frente a la puerta del camarote de Zoro, a pocos pasos de ellos.

- Ayúdame a dejarla encima de la mesa,- el comentario del reno hace volver a Luffy a la realidad. Entra en el camarote de Chopper y dejan a Robin sobre la mesa. El médico la examina mientras Luffy, viendo que ya no tiene nada más que hacer, sale. Al cruzar el umbral, se choca con Nami. Luffy la retiene y la mira. Está llorando.

- ¡Nami!,- exclama Luffy, conmovido -. ¿Por qué lloras? ¿Qué ha pasado?

Nami alza la mirada, tímida. Cuando se encuentra con los ojos del jóven capitán, vuelve a estallar en llantos, abrazándose fuertemente a él, empapando su roja camisa de lágrimas.

sábado, 1 de enero de 2011

CAPITULO 25

Nami estaba aterrada. Le temblaba todo el cuerpo. Había visto muy de cerca la muerte. Es verdad que habia participado en multitud de batallas y en muchas de ellas estuvo a punto de perder la vida, pero aquella fue diferente... Pensar en que sería su final y que no volvería  a ver a Sanji era lo único que le rondó la cabeza en aquellos momentos. El estar por fin con Sanji la cambió la vida por completo. Y el ver que Sanji acudió a su lado cuando derrotaron a Tony "el Calamar", notar aquel abrazo tan verdadero, oírle casi sollozando, le puso la piel de gallina. Pero lo que la descuadró fue que, de repente, la dejara sin más y se fuera corriendo. ¿A dónde iria con tanta prisa? ¿Qué habría en ese momento más importante que estar con ella, aliviarla de tan terrible suceso? ¡Estuvo a punto de morir! ¿Y Sanji se larga sin más, dejándola sola en cubierta? Quería una explicación, y le siguió sin que el cocinera la notara.

Le sigue por el interior del barco hasta que le ve entrar en un camarote. Con el corazón latiendo fuertemente, se acerca lentamente a la puerta.

- Este es el camarote de Zoro...,- piensa Nami.

Acerca su oreja a la puerta y escucha atentamente. Al principio no oye nada. Lo que parecen susurros inaudibles a través de la madera, pero, tras unos instantes, oye la voz de Zoro. Parece enfadado.

- "¿Lo sientes? ¿Crees que con eso ya está todo resuelto?"

Nami se separa asustada de la puerta. Aquel tono de voz de Zoro la heló la sangre. Ya había oido a Zoro miles de veces enfadado, sobre todo con Sanji, pero aquella vez... Aquella vez el tono era más aterrador. Estaba enfadado... de verdad. Pero la reacción de Sanji dejándola en cubierta, la actitud del cocinero tan rara aquellos días, y aquel comentario de Zoro la hizo seguir escuchando.

- "¡Sí, lo admito! ¡Estoy celoso!",- exclama Zoro.

- "¡Lo sabía!",- exclama Sanji, riendo sobre la cama -. "Aunque si admitieses que también me amas..."

¿Cómo? ¿Había escuchado bien? Entre que la respuesta de Sanji fue en un tono de voz más suave, y que la madera de la puerta no dejaba oir bien, Nami pensó que se podría haber equivocado y que habría escuchado mal. Pero, si aquel comentario era el correcto, entonces... Nami empezó a comprender. Ahora todas las piezas encajaban: Sanji en actitud rara desde hace días, el abandono de hace unos minutos, Sanji entrando en el camarote de Zoro, aquella conversación que estaba escuchando...

Y, tras pensarlo un momento, Nami abre la puerta con cuidado y mira dentro. Y ahí estaba Zoro, arrodillado frente a Sanji, mirándose los dos fijamente a los ojos...

sábado, 25 de diciembre de 2010

CAPITULO 24

Zoro entra en su camarote, cabizbajo. Cierra la puerta de un golpe. Se quita la bandana negra de su cabeza, con claro gesto desesperado. Se sienta pesadamente sobre su cama, apoyando su rostro entre sus manos. No sabía por qué, pero se sentía mal por dentro. Era algo extraño para él. Era la primera vez en su vida que sentía algo así. Bueno..., era la segunda. Y por eso se juró que nunca jamás volvería a sentir algo parecido, pero los sentimientos son indomables, y aparecen cuando menos te los esperas. Por eso, Zoro tomó una de sus katanas y se miró en el reflejo de su filo. Era como si concentrándose en su acero él pudiera detener ese estallido que había aparecido de repente en su interior, pero era imposible de pararlo. Sí. Estaba llorando. ¿Y qué? Él sólo derramó lágrimas cuando murió Kuina, y desde estonces se juró no volver a llorar nunca en su vida. Pero aquella escena que acababa de ver le dolió tanto... Entonces endurece su rostro, aprieta el puño con el que sujetaba el mango de la katana y de un golpe seco clava la espada en el suelo, totalmente perpendicular. Incluso parecería que llegó a hundirla varios centímetros en la madera. Y se dejó llevar por la tristeza. Un golpe ligero en la puerta le hizo volver. La puerta se abre lentamente y la cabeza del cocinero se asoma tímido.

- ¿Zoro?,- le pregunta en un hilo de voz.

Zoro le ve de reojo y se da la vuelta, tumbándose en la cama.

- Vete,- le responde secamente. Sanji desobedece entrando en el camarote y cerrando tras sí la puerta.

- Zoro. ¿Estás bien?

- Déjame.

Sanji se acerca hasta la cama y se sienta al lado de Zoro. Le acaricia el cabello. Zoro, al notarlo, le aparta la mano de malas maneras. Sanji se sorprende al principio, pero vuelve a acariciarle la cabeza.

- Zoro...,- responde Sanji, dulcemente -. Lo siento.

- ¿Lo sientes?,- pregunta Zoro, enfadado, mirándole -. ¿Crees que con eso ya está todo resuelto?

- Cálmate,- le pide, sujetándole por los hombros.

- ¿Que me calme? ¿Quieres que me calme tras ver que, si ese calamar nos hubiese tirado al mar, tú habrías ido sin pensarlo a por Nami?

- Es la más indefensa. Tú tienes tus katanas.

- Sanji...,- las lágrimas que amenazaban por salir entrecortó la voz del espadachín, pero le vencen y acaba por derrumbarse en el hombro de su amigo. Sanji le abraza tiernamente -. Te he visto cómo ibas junto a ella sin pensártelo dos veces. Y pensé que la amabas a ella en vez de a mí .- Sanji se separa de Zoro y le mira a los ojos.

- ¿Estás celoso?,- le pregunta. Zoro vuelve el rostro, enojado -. Sí, estás celoso...,- se responde a sí mismo, dibujando una sonrisa en su cara mientras toca la punta de la nariz de su amigo con el dedo. Zoro le aparta de un manotazo y se levanta nervioso de la cama, dándole la espalda -. Admítelo Zoro. Admítelo de una vez,- responde Sanji, con los brazos cruzados. Zoro desclava la katana del suelo y se vuelve a mirar en su filo. Una pequeña sonrisa aparece. Zoro envaina el arma y se vuelve bruscamente.

- ¡Sí, lo admito! ¡Estoy celoso!,- exclama.

- ¡Lo sabía!,- exclama Sanji, riendo sobre la cama -. Aunque si admitieses que también me amas...

Zoro baja la cabeza en jarras, negando. Avanza hasta Sanji, se arrodilla delante de él y trata de mantener la mirada en la suya.

sábado, 18 de diciembre de 2010

CAPITULO 23

- ¡Por encima de mi cadáver!,- exclama una voz fuerte. Todos miran hacia el mismo lado. Y ahí, de pie sobre la barandilla de la borda, posaba majestuoso un personaje enmascarado.

- ¿Y tú quién se supone que eres?,- pregunta enojado Tony "El Calamar".

- Es extraño que lo preguntes, ya que yo soy.... ¡el legenadario guerrero Sogeking!,- y tras su presentación comienza a cantar una divertida canción.


- ¡Sogeking!,- exclaman alegres Chopper y Luffy.

- Maldito narizotas...,- murmura Sanji -. Me había asustado por un momento...

- ¡Libera a esos pobres piratas y enfréntate con alguien de tu tamaño!

- ¿Esa frase la acaba de decir Ussop?,- se pregunta sorprendido Sanji -. ¿Será que cuando se viste de esas maneras cambia totalmente su personalidad?,- pero haya la respuesta al fijarse en las temblorosas piernas de su amigo.

Tony "El Calamar" se dispone a coger a aquel misterioso personaje con un tentáculo libre, pero Sogeking tiene unos reflejos rápidos y le lanza algo con su gran tirachinas, haciendo blanco en su rostro. Tony se queja, haciéndole llevar todos sus tentáculos a sus ojos, liberando a sus compañeros presos. Tony termina por precipitarse al agua.

- Gracias Ussop... digo, Sogeking,- responde Nami, tumbada en cubierta. Sanji corre junto a ella. Zoro les mira de reojo mientras toma aire. Luffy corre junto a Ussop, quien, más relajado, se deja caer a cubierta. Chopper también acude a su lado.

- ¡Sogeking! ¡Eres el mejor!,- exclaman los dos "usuarios" de las frutas del diablo.

Zoro se levanta y se mete en los camarotes. Sanji le ve.

- He pasado tanto miedo, Sanji-kun...,- oye decirle Nami al oído, mientras se abrazan, pero no deja de pensar en la manera en que se ha ido Zoro de cubierta. ¿Qué mosca le habrá picado?

domingo, 12 de diciembre de 2010

CAPITULO 22

Sanji notaba cómo le costaba cada vez más respirar. Sus piernas le fallaban, pero no se sabe cómo conseguía encontrar un resquicio de fuerza en su cuerpo. Y esa fuente era su mente. El nombre de Nami retumbaba en su cerebro, haciéndole correr un poco más, a pesar de la gran fatiga que se estaba apoderando de él. Ni el cansancio, ni la falta de aire, ni los latigazos de las ramas de los árboles le doblegaban. Aquél estruendo le volcó el corazón.

- Si algo le ha pasado a Nami-chan, no me lo voy a perdonar en la vida,- se decía a si mismo mientras corría por la selva, seguido de Chopper, ya transformado en reno, y Ussop.

La columna de humo cada vez se divisaba con mayor claridad, hasta que llegaron a la causa de ella, temiéndose lo que pensaban: que procedía del barco.

- Pero... ¿se puede saber qué es eso?,- gritaron a la vez Ussop y Chopper.

Los tres veían delante suyo lo que parecía un calamar gigante amarrado con sus tentáculos al barco. Entre los tentáculos que tenía libres lograron apreciar a sus compañeros: Luffy, Nami y Zoro. El mosntruo reía mientras observaba, jactancioso, sus capturas.

Sanji empezó a notaba un calor extremo dentro de su estómago, un calor que luchaba por salir, por invadir su cuerpo. Sus ojos comenzaron por enrojecerse por la sangre, sus dientes chirriaban, sus puños se crispaban. Y se dejó invadir por ese calor interno, un calor rabioso y airado que prendió en una de sus piernas mientras corría decidido hacia el barco. Cuando está ya junto al navío, toma potencia en un inmenso salto que le eleva varios metros en el aire, dejándose caer pesadamente en la perpendicular del calamar, dispuesto a dar una patada con su pierna fogosa. Pero el monstruo se da cuenta en el último instante y se libra del cocinero con un tentáculo al igual que una vaca se libra de una molesta mosca con el rabo. Sanji acaba golpeándose en la espalda contra el mástil principal del barco y cayendo al suelo. Dolorido, trata de levantarse, mientras escucha su nombre gritado por sus compañeros.

Chopper se enfurece por la escena vista y evoluciona a su estado andromorfo. Tomando potencia para corrar, se prepara para golpear al invasor, pero igualmente le repele con otro tentáculo. Chopper cae al suelo. Al levantarse, descubre a su lado el cuerpo inerte de Robin. Trata de despertarla, pero no lo consigue. Al tomar el pulso, descubre la respuesta: está inconsciente. El monstruo debió de golpearla muy fuerte, como a él y a Sanji.

- ¡Ussop!,- grita Chopper, hacia la costa -. ¡Dispárale!,- pero no obtiene respuesta -. ¡Ussop!,- de nuevo el silencio -. ¡Sanji!,- se vuelve al cocinero -. ¡Ussop no está!

- ¿Cómo?

- ¡Que Ussop no está! ¡Ha desaparecido!

- Maldito cobarde...,- murmura Sanji, rabioso de ira.

Los gritos de ayuda de sus compañeros le hacen volver. Luffy aún puede sobrevivir a aquello, por su naturaleza elástica, pero Zoro y Nami son normales, y esos terroríficos abrazos de los tentáculos podrían partirles los huesos fácilmente.

- ¡Suéltales!,- grita Sanji mientras se dispone a volver al ataque. Tony se vuelve hacia el cocinero, deteniéndole con uno de sus tentáculos.

- Veo que quieres mucho a tus amigos, ¿eh?,- responde Tony, riendo malvadamente -. Seguro que serías capaz de dar tu vida por la suya, ¿a que sí? Pues veamos si es verdad...,- y, adelantándose a la borda del barco, se prepara para saltar por ella al fondo del mar -. Sólo podrás salvar a uno de ellos.

domingo, 5 de diciembre de 2010

CAPITULO 21

Zoro y Robin corrían por todo el bosque. Zoro seguía a Robin muy de cerca, pero, a pesar de ello, alguna que otra vez se perdió. Robin consiguió suplirlo llevando al espadachin en volandas por los árboles del bosque con lianas y lianas de brazos que la arqueóloga era capaz de crear de la nada. Cuando llegaron a la cala donde estaba el barco anclado, se encuentran una imagen que les congeló la sangre. Un enorme calamar de varios metros estaba en la cubierta del barco, con Luffy inmóvil en uno de sus tentáculos, aunque luchando por liberarse. Nami estaba frente a aquel monstruo, aferrada a su "vara del tiempo", lista para el ataque.

- No tienes nada que hacer, insignificante muchacha,- reía jactancioso aquel monstruo -. Soy el capitán Tony "el Calamar", y tengo ese sobrenombre gracias al día en que me comí un calamar que se había comido una "fruta del diablo", y gracias a ello, tengo esta apariencia tan sobrecogedora. Y tú, pelirroja, ¿qué habilidad tienes? ¡Ninguna!,- vuelve a carcajearse -. Tú, para mí, no eres más que una simple hormiga a la que puedo derrotar aplastándola con uno de mis tentáculos.

A medida que hablaba, Tony "el Calamar" estaba deslizando uno de sus tentáculas por la base del barco, haciéndola aparecer por detrás de Nami, amenazando con golpearla. Debido a que estaba de espaldas al sol, el tentáculo la hizo sombra. Nami, al notarlo, se da la vuelta asustada, pero se queda inmóvil, viendo cómo caía el tentáculo con todo su peso sobre ella. Cierra los ojos. Nota como si la empujaran y al momento un golpe en su costado. Abre los ojos. Se ve tumbada en la cubierta a varios metros de distancia del capitán. El tentáculo no había llegado a caer del todo. Estaba quieto en el aire. Nami vio una hilera de brazos saliendo del tentáculo. Nami comprende y busca en los alrededores. No ve nada, tan sólo una sombra que sale de entre unos matorrales cercanos, saltando hacia el cielo. El inconfundible chirrido del acero afilado desenvainado precede al ataque de aquella sombra. Al fin, Zoro aterriza en la cubierta del barco, arrodillado, con dos de sus katanas en las manos, sosteniendo la tercera con la boca. El monstruo trata de derrotarle con sus tentáculos, pero los reflejos de Zoro son más rápidos y logra escapar varias veces. Nami sigue en el suelo, observando cómo, mientras Zoro pelea contra el capitán metamorfoseado, Robin, escondida en la cubierta, ayuda a Luffy a liberarse del tentáculo que lo apresaba con sus brazos emergentes.

sábado, 27 de noviembre de 2010

CAPITULO 20

Nami se dejó llevar. Cerró los ojos mientras se dejaba envolver por el cálido aliento de su capitán. De repente, sin saber por qué, notó cómo Luffy la empuja brutalmente haciéndola caer de espaldas. Al segundo comprende. Se oye un enorme estruendo, seguido de un vaivén violento de la nave. Luffy estira sus brazos a límites imposibles para poder aferrase al barco y no caer.

- ¿Qué ha sido eso?,- pregunta Nami, asustada.

Luffy no responde. Tan sólo mira fijamente al horizonte del mar, con el ceño fruncido. Nami mira en la misma dirección. En la lejanía apenas logra distinguir una silueta, pero puede apreciar un sonido débil que poco a poco va creciendo. El mismo sonido que escuchó mientras Luffy la intentaba besar. Pensó que era su propio corazón, pero era una bala de cañón. Bala que es rechazada por Luffy, quien segundos antes estira brazos y piernas para poder aferrarse al barco, al momento que hincha su cuerpo para recibir la bala de cañón, que rebota en su estómago y regresa a su punto de origen cual boomerang. Lamentablemente, no hizo diana. Recuperando su forma original, Luffy volvió a alargar sus brazos hasta el barco contrincante, envolvió sus brazos en él y lo atrajo hacia ellos, preparando el abordaje. Nami, mientras tanto, reaccionó levantándose del suelo y corriendo hacia su camarote a por su "vara del tiempo". Cuando volvió a cubierta, ya nada pudo hacer.

sábado, 20 de noviembre de 2010

CAPITULO 19

Zoro se dejo caer sobre la roca, con la mano en la cabeza. Se estaba derrumbando. La arqueóloga sintió la necesidad de acercarse al guerrero y demostrarle su apoyo, pero desistió cuando comenzó él comenzó a hablar entre lágrimas:

- Es algo que no comprendo,- logró decir Zoro, con la mirada vacía -. Cada vez que me acuerdo...,- una lágrima cae sobre la roca -. Cuando me miro al espejo, o reflejado en el agua, me doy asco. No sé cómo pudo pasar, es algo totalmente antinatural. ¿Yo, enamorado de otro hombre? Kuina fue, es y será siempre mi verdadero amor. Sanji no es más que un amigo, un compañero de fatigas y batallas. Como tú. Como Nami. Como Luffy. Como todos. Y no me voy enamorando de todos vosotros. Sanji es mi amigo, nada más. Pero...

- Pero el estar tanto tiempo juntos ha hecho que afloren sentimiento nuevos en ti, ¿verdad?,- responde Robin, mientras hace florecer unos brazos de la roca para abrazar y calmar a Zoro. Éste asiente vergonzoso y sollozante -. ¿Y por qué no se lo dices a él? Lleva desde aquella noche buscándote para hablarlo, pero tú siempre le has dado largas. ¿Por qué?

- ¿Por qué?,- Zoro la mira fijamente -. ¿Quieres saber por qué?,- Robin asiente, intrigada. Pero Zoro es interrumpido por una explosión lejana.

Al oír aquella explosión, Chopper, Sanji y Ussop vuelven, asustados, su rostro hacia donde está atracado el barco.


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- ¡Por Alá y Mahoma!,- exclama Ussop -. ¿No me digáis que...?

- ¡Sí!,- responde aterrado Sanji -. ¡Ha sido el barco!,- pero el semblante del cocinero se vuelve más pálido -. ¡Nami!,- y sale corriendo el dirección a la explosión. Los otros dos le siguen.

sábado, 13 de noviembre de 2010

CAPITULO 18

Luffy saltó de nuevo a cubierta. Nami llevaba un buen rato parada, como una estatua, mirando al horizonte. Luffy se acerca junto a ella.

- Nami...,- le susurra. La ladrona no reaccionaba. Luffy posa su mano en su hombro. Esta vez, Nami vuelve la cabeza hacia Luffy, gacha.

- Luffy...,- murmuró la joven -. No lo sé, pero creo que a Sanji le pasa algo... Le noto raro desde hace unos días.

- ¿Es posible que, tras haberte conquistado después de tanto tiempo, se haya cansado de ti?,- Luffy la toma de los hombros, quedando detrás de ella. Nami, al escuchar la pregunta, se vuelve sorprendida.

- ¡Luffy!,- sus ojos parecían salir de sus cuencas -. ¡No digas eso ni en broma! Sanji y yo estamos muy enamorados, ¿me oyes? ¡Es imposible que haya dejado de quererme!

- Perdona, Nami, pero yo también me he fijado en que Sanji está raro... Desde hace unos días le noto como distante de ti, como que poco a poco va perdiendo la pasión de estar a tu lado. Además...,- Luffy agacha la cabeza, sonrojado -, hace días que no os oigo por la noche...

Nami se vuelve, también sonrojada, al oir a Luffy.

- La verdad es que tienes razón, Luffy,- murmura avergonzada -. Hace unos días que ni me ha tocado... Quiero pensar que es por las batallas y el viaje. No quiero agobiarle, de verdad. Siempre que termina una batalla, o llegamos a una isla después de tantos días navegando, hago todo lo posible para que se sienta cómodo y descanse. Le doy masajes, le dejo dormir cuando me levanto por las mañanas, me ocupo de sus labores a bordo. Le amo demasiado, Luffy.

- No tanto como yo a ti

Aquella respuesta dejó a Nami totalmente descolocada. Luffy le tomaba de las manos, se iba acercando lentamente a ella. Nami no podía reaccionar, estaba totalmente helada al oir aquella revelación de su capitán. Empezó a notar su aliento cálido en su rostro. Sus labios iban a juntarse. Luffy había cerrado los ojos suavemente. Nami seguía sin creer lo que estaba pasando en ese momento. Luffy la iba a besar. No lo podía permitir. No lo debía permitir. No lo tenía que permitir. Ella estaba con Sanji, su cocinero pervertido, su amor, su media naranja. Pero no conseguía moverse, ni siquiera hablar. Luffy estaba a punto de besarla. El tiempo se estaba parando para ellos. Les empezaba a envolver un silencio mágico en el que ni los pájaros, ni el mar, ni el barco emitían sonido alguno. Tan sólo se oía un silbido lejano, que iba creciendo en intensidad poco a poco...

sábado, 6 de noviembre de 2010

CAPITULO 17

Chopper y Ussop estaban inmersos en sus quehaceres. El reno había encontrado un tipo de hierbas que no aparecían en sus libros, y Ussop estaba experimentando con sus "canicas explosivas", buscando nuevas mezclas. No se dieron cuenta de la llegada de aquel visitante...
- ¿Qué hacéis?

Chopper y Ussop dieron tal respingo que casi se diría que llegaron a levitar varios metros. El reno se escondió (a su manera) en un árbol, mientras que Ussop, movido por los reflejos, le lanza una de sus canicas. El polvo resultante al estallar la bolita de metal a los pies del visitante le hizo toser.

- ¡Chicos!,- respondió aquella persona, entre toses -. ¡Soy yo! ¡Sanji!

- ¿Sanji?,- los dos amigos se calmaron. Cuando el humo se desvaneció, vieron al cocinero, con el brazo tapándose el rostro -.

- ¡Perdona, Sanji!,- se excusó Ussop, haciendo mil y un reverencias -. ¡No sabíamos que eras tú!

- ¡Pues claro que soy yo!,- exclama el cocinero, airado -. ¿Quién iba a ser si no?,- de repente se calma, mirando alrededor -. ¿Y Robin y Zoro? Me dijeron que estaban con vosotros.

- Zoro se fue a dar una vuelta,- responde Chopper, aún con el miedo en el cuerpo, más por la reacción del cocinero que por su entrada sorpresiva.

- Conociéndole seguro que se ha vuelto a perder...,- murmura Sanji.

- En cuanto a Robin, no nos hemos dado cuenta de que se había ido también,- contesta el inventor, avergonzado.

- En fin, iré a buscarles...

Sanji se disponía a buscarles, pero los otros dos le detienen.

- Pero, Sanji, ¿qué haces aquí? ¿No estabas en el barco?

- Sí, pero he decidido unirme a vosotros.

- Bueno...,- Ussop mira al médico -. Nosotros creo que ya hemos terminado, y pensábamos volver al barco cuando Zoro volviese, pero visto lo visto...

- Bueno, si queréis volver al barco, podéis iros,- les responde Sanji -. Yo buscaré a estos dos.

- Sanji,- Chopper le llamó con su tímida y dulce voz -. Este bosque es muy grande y espeso. Te puedes perder.

- ¡Eh! ¡Yo no soy tan despistado como ese cabeza de alga!,- exclama Sanji, algo enojado.

- No es que dudemos de tu capacidad de orientación,- responde Ussop, tratando de calmarle -, pero ten en cuenta que esta parte de la isla no la hemos explorado nunca, y es fácil que nos perdamos y no sepamos volver.

- ¿Me estáis diciendo que me queréis acompañar?,- pregunta tras dar un suspiro.

- No, no era eso lo que queríamos decirte,- responde Ussop, sorprendido -. Lo que queríamos decirte era que volvieses con nosotros al barco, pero viendo que estás empeñado en irles a buscar, te acompañamos. Si quieres, claro...

sábado, 30 de octubre de 2010

CAPITULO 16

- ¡Sal de ahí, quien quieras que sea, o te juro que con tu pellejo me haré una funda nueva para mis katanas!

- Baja tu arma, espadachín,- responde una voz firme y contundente, mientras un racimo de manos emanan de la roca y cogen a Zoro de las muñecas, obligándolo a bajar la espada.

- Robin,- responde Zoro, relajado -. vete. Déjame en paz.

Robin aparece de entre unos arbustos, con la mirada gacha.

- Tan sólo he venido a buscarte. Todos conocemos tus dotes como explorador.

Zoro se sienta de nuevo en sobre la roca.

- Tan sólo quería quedarme solo para pensar...

- ¿En el cocinero?

Zoro la mira sorprendido y sonrojado.

- No te incumbe...

- Sí me incumbe. Me importaís. Tú, el cocinero, el capitán... ¡Todos! Cuando estuve a punto de morir a manos de Cocodrilo, el capitán se apiadó de mí y me salvó de aquellas ruinas. Le debo mi vida. Y vosotros me aceptásteis, en mayor o menor grado, a bordo. Toda mi vida estuve sola, pero cuando os conocí a todos, la luz volvió a mi vida. Os lo debo todo...

- No me cuentes tu vida,- le interrumpe Zoro, con cierto enfado.

- Perdona... Tan sólo quería decirte que nunca tuve amigos hasta que me topé con vosotros. Por eso me intereso por vuestros sentimientos y pensamientos. Os lo debo. Espadachín, cuéntamelo. El cocinero ya lo hizo. Quiero saber tu opinión.